Todo de lo cual una memoria recuerda tan solo una pequeña chispa...

sábado, 1 de octubre de 2011

♬♪.00334

Estoy viva – pensó Veronika. Va a comenzar todo de nuevo. Debo pasar algún tiempo aquí adentro, hasta que constaten que soy perfectamente normal. Después me darán de alta y veré de nuevo las calles de mi ciudad, su plaza redonda, los puentes, las personas que pasan yendo y viniendo del trabajo.
Como las personas siempre tienden afortunadamente a ayudar a los demás – aunque sea solo por sentir que son mejores de lo que realmente son -, me volverán a dar mi trabajo. Con el tiempo volveré a frecuentar los mismos sitios, conversaré con mis amigos sobre las injusticias y problemas del mundo, iré al cine, pasearé por el lago.
Como opté por las pastillas, no estoy deforme: continuó joven, bonita, inteligente y no tendré, como nunca tuve dificultades para conseguir enamorados. Haré el amor con ellos en sus casas o en el bosque, tendré cierto placer, pero luego, después del orgasmo, volverá la sensación de vacío. No tendremos mucho de que conversar y tanto él como yo sabemos lo que sigue, el momento de dar excusas mutuas: <> o <>, y partiremos lo más rápido que se pueda, evitando mirarnos a los ojos.
Regreso a mi cuarto alquilado del convento. Trato de leer un libro, prendo la tele para ver los mismos programas de siempre, pongo el despertador para despertarme exactamente a la misma hora que el día anterior, repito mecánicamente las tareas que me confían en mi trabajo. Como el sándwich en el jardín de delante del teatro, sentada en el mismo banco, junto a otras personas que también escogen los mismos bancos para almorzar, que tienen la misma miraba vacía, pero fingen estar preocupadas por cosas importantísimas.
Después regreso al trabajo, escuchó algunos comentarios de sobre quién sale con quién, quién está sufriendo qué,  cómo tal persona lloro por causa del marido y me quedo con la sensación de que soy privilegiada, soy bonita, tengo un trabajo, consigo el enamorado que quiero. Regreso a los a los lugares que frecuento al final del día y la cosa vuelve a recomenzar.
Mi madre que ha de estar preocupadísima por mi intento de suicidio se repondrá del susto y me preguntará que voy a hacer con mi vida, por que no soy igual a las demás personas, ya que, a fin de cuentas, las cosas no son tan complicadas como pienso que son. <>
Cualquier día me cansó de escucharla repetir siempre la misma conversación y para apagarla me caso con un hombre a quien me obligo a amar. Él y yo terminamos por encontrar una manera de soñar juntos en nuestro futuro, la casa de campo, los hijos, el futuro de nuestros hijos. Haremos mucho el amor en el primero años, menos en el segundo, y a partir del tercero la gente quizá piense en el sexo una vez cada quince días y se transforme ese pensamiento en acción sólo una vez al mes. Peor que eso: la gente casi ni ha de conversar. Yo me forzaré a aceptar la situación y me preguntaré que he hecho mal por que ya no consigo interesarlo, no me presta atención y se la pasa hablando de sus amigos como si fueran realmente su mundo.
Cuando el matrimonio se  sostenga por un hilo me embarazaré. Tendremos un hijo, pasaremos algún tiempo muy cerca el uno del otro y luego la  situación volverá a ser la de antes.
Mientras comenzaré a engordar. Y me someteré a algún régimen, sistemáticamente derrotada cada día, cada semana, por el  peso  que  insiste en  aumentar, no obstante cada control. A esas alturas tomaré las drogas mágicas para  no caer en depresión… y tendré algunos hijos, en las noches de amor que pasar aprisa a más no poder. Diré a todo el mundo que mis hijos son la razón de mi vida,  pero en realidad ellos exigen mi vida como razón.
La gente pensara siempre que somos una pareja feliz y nadie sabrá lo que existe de soledad, amargura,  renuencia, detrás de toda la  apariencia de felicidad.
Hasta que un día, que mi marido se busqué a su primera amante, tal vez yo haga un escándalo o piense nuevamente en suicidarme. Pero para entonces ya estaré vieja y seré cobarde, con dos o tres hijos que necesitan mi ayuda y debo educarlos, colocarlos en el mundo, antes de ser capaz de abandonarlo todo. Yo no me suicidaré: haré un escándalo, amenazaré con largarme con los niños. Él, como todo hombre, retrocederá, dirá que me  ama y que aquello no va a repetirse nunca más. Nunca le pasará por la cabeza que si de todas formas resolviera en irme, la única opción sería regresarme a la casa de mis padres, quedarme allí el resto de mi vida teniendo que escuchar a mi madre todo el día a mi madre lamentarse de  que haya perdido una oportunidad única de ser feliz, que él era un óptimo marido a pesar de sus pequeños defectos, que mis hijos van a sufrir mucho con la separación.
Dos o tres años después, otra mujer aparecerá en su vida. Lo descubrir-por que vi, por que alguien me contó-, pero esta vez finjo que nada sé. Gasté toda mi energía luchando contra la amante anterior y no sobró nada; es mejor aceptar la vida como es en realidad y no como imaginaba que era. Mi madre tenía razón.
Él continuará siendo gentil conmigo, yo continuaré con mi trabajo, con mis sándwiches en la plaza de teatro, con mis libros que nunca consigo terminar de leer, los programas de televisión que continúan siendo los mismos. De aquí, a diez, o a cincuenta años.
Solo que comeré los sándwiches con culpa, por que estoy engordando; y ya no iré a los bares por que tengo un marido en casa que me espera para cuidar a los niños.
De ahí en adelante, a esperar que los niños crezcan y pensar todo  el día en el suicidio, sin valor para cometerlo. Un buen día llego a la conclusión de que la vida es así, que no progresa, que nada cambiará. Y me conformo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Gracias por estar aquí (: