Ella despertó, aventó las mantas que la cubrían a un lado, se sentó en su cama y vio sus calcetines azules. Sonrió. Resultó que al final todos tenían razón y ella estaba equivocada, había desperdiciado mucho tiempo de su vida defendiendo algo que nunca tuvo la menor oportunidad, pero ya no le importaba porque no podía cambiar lo ocurrido. Se levantó con la frente en alto dispuesta a enfrentarse a otro día y queriendo salir a tropezar ya.
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