A veces todavía me resulta
extraño que estas fechas me pongan así, y no entiendo porque si ya debí haberme
acostumbrado. Supongo que todo se debe en parte porque soy malísima para
aceptar y sobrellevar los cambios.
Trato de no hacerlo, pero cuando
menos lo espero me sorprendo mirando mi vida en retrospectiva. Recuerdo todos y
cada uno de días en los que irremediablemente se marcaba en el calendario “mi
cambio”. Y de veras que todo es efímero, yo lo soy y es precisamente eso lo que
me preocupa, el ser tan efímera, tan desinteresada y distante, tan ajena al
mundo… Y a la vez una pequeña modificación de hace temblar.
Creo que todas estas cosas que
tanto me esfuerzo por cambiar ya son parte de mi vida, son ideas ya bien
arraigadas en mi mente que probablemente nunca se irán, eso es quizá lo que soy
en realidad.
No me gustan los cumpleaños, no
me gusta tener 22.
Y me preocupa que de un momento a
otro todo se vaya al diablo, como ha pasado gradualmente desde que nací. Tengo
miedo de quedarme sin nada a lo cual aferrarme, de saberme realmente sola sin
que haya alguien para quien mi voz, mi nombre y mi rostro signifique algo. Pero
soy consciente de que todo se termina, incluso lo que yo quisiera hacer durar.
Por eso me esfuerzo en no esperar
nada, en no querer… En no tratar de
que las cosas cambien y sólo actuar como lo siento para poder de algún modo
vivir plena, en los años que me queden (si llegara a los 23, o incluso a
mañana).
Me siento la más estúpida por
escribir sobre esto, cuando a nadie le interesa, ni siquiera a mí. Debería
estar haciendo la redacción de mi tesis.
Odio anticipadamente el día de
mañana. FIN.
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