Mientras él tecleaba frenéticamente en la computadora que le
había prestado, fingiendo que no le prestaba mucha atención, ella empezó a
hablar:
— Parece extraño, ¿sabes? Me refiero a que todo esto ya lo
veíamos venir y de todos modos ahora no estamos preparados — de pronto se
sintió estúpida queriendo comenzar una conversación.
Él desvió brevemente la mirada del computador para verla.
Sus ojos se encontraron en un breve instante que duró poco menos de un segundo,
pero ella sintió como si el tiempo se hubiera detenido por completo.
Nuevamente, él volvió al trabajo que estaba redactando. Ella sabía que se había
sonrojado, bajó la vista sin saber que decir, y sin darse cuenta continuó con
su estúpido intento de conversación.
— Este... no he... No te he dado contexto. Me refiero a que
en realidad los idiotas somos nosotros en toda esta situación que nos
conformamos con las decisiones mediocres del gobierno... Y ya ves, la
construcción del maldito muro es inminente. — terminó no muy segura de qué
acababa de decir. Se sintió como lo hacía tan a menudo cuando estaba con él:
estúpida.
Él, indiferente a lo que ella decía, cerró la lap top, se la
entregó y le dijo:
— Sí bueno, así son las cosas. Terminé. Gracias, ¡adiós!.—
Las últimas dos palabras las dijo mientras se ponía la mochila y comenzaba a
alejarse con pasos apresurados, seguramente a su siguiente clase. Ella miró el
reloj. "¡Mierda!", pensó, pues acababa de perder su clase de cálculo
diferenciado durante el tiempo que estuvo con él mientras usaba su computadora.
Sin embargo, no pudo moverse y sólo se quedó allí, viéndolo convertirse en un
punto pequeño que se dirigía al Edificio A, y sin mirar atrás, como
acostumbraba siempre, después de hacerle un favor.
Por un momento pensó en lo que ella quería, y al instante se
dio cuenta de que en realidad, nunca podría ser. Y recordó tristemente que lo
supo desde el primer día.
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